Soltar el control es dejar de vivir pendiente de todo lo que puede salir mal sin dejar de ocuparte de tu vida. Parece fácil. Pero te cuesta muchísimo porque el control es la forma que tiene tu mente de defenderte de un miedo.
Seguramente te suena. Miras el correo antes de dormir. Repasas la reunión de mañana tres veces. Te cuesta no corregir a quien hace algo a su manera. Delegar te inquieta porque nadie lo hace como tú. Lo tienes todo atado y aun así no descansas. Sientes que si aflojas un segundo algo se viene abajo.
Debajo de todo eso hay miedo. Casi nadie te ha explicado de dónde sale.
Por qué necesitas controlarlo todo
David R. Hawkins fue psiquiatra y pasó buena parte de su vida estudiando cómo funciona la mente cuando sufre. Lo explicaba de forma muy sencilla. Tu mente es un mecanismo de supervivencia y trata el miedo como algo especial porque lo relaciona con seguir vivo.
Él decía que casi todos vivimos con tanto miedo que la vida entera se convierte en un sistema para tenerlo a raya. Hay quien lo tapa con trabajo. Hay quien lo ahoga con ruido o con pantallas. Otros intentan controlar todo lo que pasa a su alrededor. Si estás leyendo esto seguramente es tu caso.
El problema es que tu mente se equivoca de objetivo. Se agarra a lo que cree que te mantiene a salvo y no a lo que de verdad lo hace. Por eso mirar el correo a las once de la noche se vive como algo de vida o muerte aunque no lo sea.
Casi siempre es algo aprendido. En algún momento adelantarte a todo te evitó un disgusto o una bronca. Tu mente lo guardó como regla y desde entonces lo aplica a todo. Hawkins llamaba ego a esa parte de la mente que va guardando programas para sobrevivir.
El miedo que hay debajo del control
Para Hawkins lo que te altera es lo que sientes sobre lo que pasa. Un retraso o un correo sin respuesta no significan nada hasta que tu miedo les pone encima una amenaza.
Por eso controlar lo de fuera no te da paz. Puedes tenerlo todo bajo control y seguir con el estómago encogido. Lo que te inquieta está dentro.
Haz la prueba con algo que necesites controlar y pregúntate para qué. ¿Para qué necesito que esta presentación salga perfecta? Para que no me critiquen. ¿Para qué necesito que no me critiquen? Para que me valoren. ¿Y eso para qué? Para sentirme a salvo. Si sigues preguntando casi siempre acabas en el mismo sitio. Una inseguridad que llevas tiempo intentando no sentir.
Querer controlarlo todo y la ansiedad
La necesidad de control y la ansiedad se alimentan entre sí. El miedo fabrica pensamientos de miedo y cuanto más los sostienes más real parece la amenaza. Entonces controlas más. Tu mente se queda en alerta porque cada vez que controlas le confirmas que hay peligro.
Hawkins repetía que lo que mantiene vivo un sentimiento es resistirse a sentirlo. Controlar es justo eso. El miedo sigue ahí esperando mientras tú te ocupas de que todo esté en su sitio.
Si la ansiedad es muy intensa o no te deja hacer tu vida, busca a un profesional de la salud. Este artículo te ayuda a entender el mecanismo pero no sustituye a un tratamiento.
Cuando el control se mete en la pareja
En la pareja el control se nota todavía más. Preguntas dónde está. Miras si ha leído tus mensajes. Te adelantas a cómo va a reaccionar. Detrás suele haber miedo a perder a esa persona.
Hawkins lo describía muy bien. Intentas atar corto a la otra persona para sentirte a salvo. A veces hasta la castigas por tu propio miedo a perderla. Ella nota la presión aunque nadie diga nada. Lo normal es que se resista o que se aleje. Acaba haciendo justo lo que más temías.
Para él muchas emociones en pareja son formas sutiles de imponer lo que quieres. La otra persona lo nota y se resiste sin saber muy bien por qué. La salida es dejar de querer influir en ella y soltar el miedo cada vez que aparece. Ella deja de resistirse cuando tú dejas de empujar.
Soltar el control no es resignarse
Quizá te da miedo que soltar el control te deje de brazos cruzados. Te asusta que todo se descontrole si dejas de vigilar. A Hawkins le plantearon esa misma duda y respondió lo contrario. Decía que soltar «despeja el camino para la acción eficaz». Sin el miedo empujando ves opciones que antes no veías y decides mejor.
Puedes soltar el control y seguir queriendo cosas. Lo que sueltas es la necesidad de tenerlas para estar bien. Sabes que has soltado algo cuando te parece bien si pasa y también si no pasa. Sigues trabajando y cuidando lo que te importa. La diferencia es que el resultado ya no decide si duermes o no.
Hay quien lo llama confiar en la vida y quien lo llama fluir. El nombre da igual. Lo que cambia es que dejas de exigir y empiezas a preferir.
Cómo soltar el control, paso a paso
Estos pasos salen de la técnica del dejar ir de Hawkins. Es tan sencilla que al principio tu mente pensará que no puede funcionar.
- Pilla el impulso. Fíjate en el momento en que te entran ganas de revisar, corregir o adelantarte. Todavía no hace falta que dejes de hacerlo. Basta con verlo y decirte por dentro «aquí está».
- Pregúntate para qué. Encadena para qués hasta llegar al sentimiento. Casi siempre aparece miedo a equivocarte, a quedar mal o a perder algo.
- Siente el miedo sin hacer nada con él. Déjalo estar sin resistirte, sin juzgarlo y sin intentar cambiarlo. No hagas caso a los pensamientos que lo acompañan. Quédate con la sensación. Si no lo alimentas se va gastando solo.
- Si el miedo es al futuro, síguelo hasta el final. Pregúntate «¿y entonces qué?». Si sale mal, ¿entonces qué? Me criticarán. ¿Y entonces qué? Suelta el miedo de cada respuesta antes de pasar a la siguiente. Casi todos los miedos acaban en el mismo sitio si los sigues hasta el final. El miedo a no sobrevivir.
- Cambia el «necesito» por el «prefiero». Puedes seguir queriendo que las cosas salgan bien. Lo que sueltas es la exigencia. Hazlo con cada situación que te inquiete hasta que sientas que está bien si pasa y está bien si no pasa.
- Empieza por lo pequeño. Deja que alguien haga algo a su manera. No mires el móvil por segunda vez. Hawkins recomendaba empezar por lo que parece trivial porque entrena a la mente para soltar. Después lo grande pesa menos.
Un aviso. Es probable que algún día tu mente decida que esto no funciona o que es demasiado simple. Hawkins lo veía como una buena señal. Es el ego defendiéndose porque nota que pierde terreno.
Lo que cambia cuando sueltas
Hawkins explicaba el presente con una imagen muy bonita. Cada momento es como una nota musical que ya está pasando en cuanto la oyes. Cuando lo controlas todo te pasas la vida sujetando la nota que acaba de sonar o adivinando la siguiente. Así te pierdes la música.
Al soltar aparece algo que el control nunca te dio. La paciencia. Él decía que la paciencia llega sola cuando dejas ir y que con la gente paciente es fácil llevarse bien. Las cosas siguen pasando. Unas salen y otras no. Tú dejas de jugarte la paz en cada una.
Con entenderlo no siempre basta. Si lo entiendes y sigues reaccionando igual, eso es lo que trabajo en el acompañamiento 1 a 1. Si sientes que siempre vuelves a lo mismo también puedes trabajarlo en el acompañamiento grupal.